martes, 30 de abril de 2013

La deuda pública y la ceguera del BCE

 La deuda pública está dando mucho que hablar ultimamente, no para de crecer y para asegurar su pago se recorta cada vez más gasto público. Pero ¿es correcta la estrategia que está siguiendo el Banco Central Europeo con el Euro?. ¿Es la misma estrategia que sigue el resto del mundo?

Vamos a hacer primero una pequeña introducción definiendo algunos términos claves. La deuda pública es una variable stock, es el acumulado de deuda por las administraciones públicas año tras año. La deuda pública es parte de la deuda nacional, junto con la deuda privada, de las empresas, familias y entidades financieras. Actualmente la deuda pública es el 17% de la deuda total, mientras que la deuda de las entidades financieras es la mayor con el 34% (y eso despues de asumir el sector público parte de la deuda bancaria). La deuda total española es del 400% del PIB, unos 4,3 billones de euros. Menos de una quinta parte es deuda pública, el resto es privada. Es decir, unos 750.000 millones es deuda pública (75% del PIB).

El déficit público es una variable flujo, un resultado anual. Lo forman la diferencia entre los ingresos públicos menos los gastos público en un año, lo que llamamos déficit primario, menos el servicio de la deuda o pago anual de los intereses de la deuda acumulada. Esos intereses dependen de la deuda pública acumulada y del tipo de interés que se paga por ella.

El tipo de interés depende de la liquidez del mercado (cantidad de dinero disponible), actualmente baja, y del riesgo que los inversores intuyen en esa deuda, actualmente alta. El riesgo de país se mide con la famosa prima de riesgo, que es el diferencial entre el tipo de interés de un pais estable de referencia (Alemania) y España. La prima de riesgo se mide en puntos básicos que equivalen a un porcentaje, por ejemplo una prima de riesgo de 400 puntos básicos se adaptaría a un supuesto en que Alemania pagase un interés del 1% y España del 5%, distando entre ambos 4 puntos porcentuales, que son los márgenes en que nos hemos estado moviendo.
  
Profundicemos ahora en el desarrollo analítico. Partiendo de la Ecuación del Déficit Público:  
G-T+rB=dB/dt + dM/dt, donde:
  • G: Gasto Público (sin contar los intereses de la deuda)
  • T: Ingresos Públicos
  • r: Tipo de interés de la deuda Pública (B)
  • M: Base monetaria
  • dB/dt : Emisión de Deuda pública
  • dM/dt: Emisión de dinero de alto poder
Siendo los términos de la derecha las fuentes de financiación del déficit público. Tenemos una ecuación expresada en términos absolutos, en millones de euros.

Derivando y aplicando logaritmos (procedimiento matemático que voy a obviar por tedioso pero que puede encontrarse en cualquier manual de política monetaria, como el De Grauwe), llegamos a la siguiente ecuación en términos relativos:  b ̇= (g-t)+(r-x)b-m ̇, definiendo:

  • g= G/Y ; Ratio gasto público/PIB 
  • t= T/Y ; Ratio ingreso público/PIB 
  • x= Y ̇/Y ; Ratio de crecimiento del PIB 
  • m ̇ = M ̇/Y ; Ratio crecimiento base monetaria/PIB
  • b=B/Y (ratio deuda/PIB) y b ̇su tasa de variación interanual
Tenemos entonces que la tasa a la que varia el cociente deuda/PIB de un año a otro depende de la variación del peso del los gastos menos los ingresos públicos sobre el PIB (déficit primario) mas la diferencia entre el interés medio de la deuda publica y el ratio de crecimiento del PIB por el ratio deuda/PIB, menos el elemento de variación de la monetarización de la deuda o señoreaje.

O dicho de otra manera, si hacemos b ̇= 0, entonces el ratio de deuda respecto al PIB se estabiliza en torno a un valor constante y tenemos que: (r-x)b=(t-g)+m ̇, o sea, que si el tipo de interés es mayor que la tasa de crecimiento del PIB (r>x); es necesario que o bien el saldo primario (t-g) muestre un superávit suficientemente amplio (t>g) o que la creación de dinero (m ̇) sea lo suficiente alta (Señoreaje). 

Bien, ahora vamos a ver que dice Eurostat sobre las variables que hemos estado manejando en el caso de España:


Déficit público total (incluyendo el pago de intereses o servicio de la deuda). Vemos como España ha tenido tres años de superávit y como a partir de 2008 comienza a crecer el déficit público, sobre todo vía déficit primario como veremos ahora.

Aquí está es déficit público en variables desagragadas. Vemos como el servicio de la deuda se mantiene en una franja estable pero el saldo primario cambia de tendencia y se vuelve deficitario a partir del inicio de la crisis. Hasta ahora todos los esfuerzos políticos se han centrado en reducir ese déficit primario, bien via ingreso subiendo impuestos, bien via gasto con los famosos recortes.

Aquí vemos como a pesar de todo, la deuda pública española sigue siendo inferior a la alemana y a la media de la UE-27 (incluso con el 75% que arrojó 2012). Sin embargo la prima de riesgo castigó a la economía española severamente, en lo que claramente eran ataques especulativos para subir artificialmente los intereses y por tanto los beneficios privados.

Respecto al tipo de interés, vemos que es inferior al de principio de siglo, pero hay que tener en cuenta el diferencial con el tipo de interés del BCE. Mientras en 2001 el BCE prestaba dinero al 4´5%, en 2011 lo hacía al 1%, luego las entidades financieras que obtenían este dinero del BCE y lo invertían en deuda soberana obtenían un diferencial del 1´1% en 2001 y del 2´9% en 2011, mucho más dinero.

 Por último, la preocupante conclusión, el peso de la deuda en el PIB español ha crecido un 90´9% entre 2007 y 2011. Porque mantenemos un importante déficit primario, aunque se haya estabilizado, estamos pagando intereses de más por los ataques especulativos y además el PIB se contrae.

Con esos datos la deuda pública española se situa en un escenario de crecimiento explosivo (con tipo de interés medio superior a la tasa de crecimiento del PIB), o sea, como una bola de nieve que pendiente abajo crece por momentos. Con los datos de 2011, aplicándolos a la ecuación:

  • Tipo de interés medio de emisión de la deuda (r)= 0,039 
  • Tasa de variación anual del PIB (x)= 0,004 
  • Déficit primario (g-t)= 0,07 
  • Ratio deuda/PIB (b)= 0,693
Para que la deuda pública española se hubiese estabilizado (b ̇= 0) hubiesemos necesitado un crecimiento del PIB del 14%, ni los chinos en sus mejores años. Y ni siquiera se trata ya de estabilizar la deuda, sino de reducirla. Pero es que además no solo no crecemos a ese ritmo increíble sino que estamos en recesión. Mientras que con los mismos datos necesitaríamos un superávit primario del 2´42% para estabilizar la deuda. Algo conseguido en los años de bonanza pero bastante lejos de poder lograrse a base de recortes en plena crisis.

Pero es que hay una tercera variable importante que hasta ahora he considerado igual a cero por una cuestión de ortodoxia política, y es la creación de dinero (m ̇=0). El BCE, que tiene como objetivo fundacional el contener la inflación, se niega repetidamente a darle a la maquinita de hacer billetes, y ésto que podía ampararse en un halo de responsabilidad, se convierte en un sinsentido cuando el resto de economías importantes lo están haciendo.

España hubiese necesitado en 2011 un incremento de la base monetaria respecto al PIB del 9´4% para estabilizar la deuda. ¿Parece mucho? Japón acaba de anunciar un incremento del 100% en su base monetaria en dos años, o sea, piensa duplicar el dinero de alta potencia, una inyección de dinero equivalente al 30% de su PIB. Pero es que EEUU lleva años haciéndolo, tanto es así que desde 2007 la Reserva Federal ha incrementado su balance en un 233%. Y mientras el BCE sigue mirando al tendido cero, de tal suerte que España se está empobreciendo a la vez que mantiene la moneda más fuerte del mundo, todo un sinsentido.

Pero es que además, llegado el caso, la rígida norma del BCE de no inyectar dinero directamente a los Estados le traba su capacidad de intervención económica. Viéndose obligado a utilizar a los bancos de intermediarios, que sacan una suculenta y gratuita tajada de coger el dinero del BCE al 1% y dárselo a los Estados al 5%. Cuando no usan ese dinero para cubrir sus propias necesidades de liquidez, restringiendo la liquidez de los Estados, o lo usan directamente para especular, haciendo subir artificialmente las primas de riesgo. Y lo peor es que no hay ninguna justificación económica para este tipo de normativa más allá de la ortodoxia ideológica neoliberal, que por cierto se basa en supuestos de los años 70.

Además el BCE sigue manteniendo los tipos de interés incomprensiblemente mas altos que los países competidores. Así mientras la Reserva Federal hace ya tiempo que los mantiene en la franja de entre el 0% y el 0´25%, el BCE los tenía en el 1´5% en verano de 2011, lo bajó al 1% a final de año y hasta verano de 2012 no lo bajo hasta el 0´75% (Nota: unos días después de la publicación del post, el BCE bajó el tipo de interés al 0´5%, aún  lejos del 0´1% de Japón, pero de cualquier manera me alegro del que el BCE me haga caso con tanta rapidez).

Mantener esa fortaleza en el Euro lo único que consigue es perjudicar la competitividad de la economía europea con el exterior, encareciendo las exportaciones. Y ésto es tremendamente importante, sobre todo para España, que ha decidido jugarse la carta de su recuperación económica únicamente al sector exterior. Con una agresiva política de reducción salarial, que busca la atracción de capital extranjero vía reducción de los costes laborales (cuando el problema de costes en España es fundamentalmente energético). Resulta que ese cruel sacrificio al que se somete a los trabajadores españoles se ve neutralizado por la política monetaria europea. A la vez que como consecuencia de esta política, y del desempleo, la demanda agregada interna (el consumo) cae en picado, y además el gobierno agobiado por cumplir los objetivos de déficit corta la inversión pública. Decapitando así de un golpe los dos pilares históricos de crecimiento de la economía española.

Nos estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado, pero piedras de unas dimensiones considerables. El problema es que de seguir así vamos a terminar por destruir las bases de nuestra propia economía, y es treméndamente estúpido, porque estamos siguiendo los pasos de Grecia, hasta los alemanes se están dando cuenta, y aquí nadie dice nada, cegados en esa especie de fe mitológica en las bondades de la UE y de Maastricht.


 

 



domingo, 7 de abril de 2013

Las pensiones no están en peligro

Las pensiones no se podrán pagar en el futuro. El envejecimiento de la población nos llevará a un escenario en el que cada vez menos trabajadores cotizantes tendrán que sostener a cada vez mas pensionistas. Menos jóvenes trabajando, más viejos exigiendo su pensión. No es sostenible. Hay que retrasar la edad de jubilación, reducir la cuantía de las pensiones y endurecer el acceso a las mismas. Es lo que hay que hacer, es una pena pero no hay mas remedio.

Y hasta aquí el argumentario oficial. Un análisis simplista, que deforma un problema complejo en una máxima  accesible, intuitiva, fácil de asimilar, que se puede convertir en consigna o letanía. Una mentira que parte de un hecho real, el envejecimiento de la población, y que lo que busca en realidad es facilitar la recapitalización  del sistema financiero.

De hecho, no es nada nuevo, es una vieja aspiración, se enlaza con una dinámica de generar incertidumbre sobre las pensiones públicas a la vez que se incentivaba, principalmente con desgravaciones fiscales, la contratación de planes privados de pensiones.

Así, ya en 2009, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España, aseguraba que para que el sistema de pensiones fuese sostenible a largo plazo, era preciso introducir reformas y, en primer lugar, "perseguir finanzas públicas saneadas". Y ponía como ejemplo lo que hacían los gobiernos de otros países: alargar el número de años que un trabajador debe cotizar para obtener derecho a pensión, penalizar la jubilación anticipada o alargar la edad de jubilación. A lo que el entonces ministro de trabajo, Celestino Corbacho, respondía acusándolo de “jugar con la tranquilidad de millones de personas”.

La diferencia es el contexto. La crisis económica nos sitúa en el escenario de shock que permite acometer este tipo de reformas traumáticas. Además convierte en necesidad lo que antes era ambición. Los bancos necesitan la liquidez de los ahorros de los trabajadores preocupados por su futuro, y el gobierno necesita la liquidez del Fondo de Reserva de las Pensiones para pagar su deuda, contraída con los bancos para salvar los bancos.

Pero vamos por partes:

  • El envejecimiento de la población es un hecho:
“El hecho incuestionablemente positivo de que la esperanza de vida aumente progresivamente en España, hasta haberse convertido en el segundo país del mundo con mayor pervivencia de la población, enfrenta también el reto de que, en el futuro, será necesario asumir el pago de más pensiones durante más tiempo a causa de dicho envejecimiento de la población.” Ley 27/2011 sobre Actualización, Adecuación y Modernización del Sistema de Seguridad Social.

La propia ley de reforma de las pensiones, aprobada por el anterior gobierno del PSOE al final de su mandato, utiliza como vemos la cuestión demográfica como principal argumento.

También el Fondo Monetario Internacional  pidió en Abril de 2012 una nueva elevación de la edad de jubilación y un mayor recorte de las pensiones españolas, en su Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial (GFSR por sus siglas en inglés). Informe que recogía la inquietante frase de que una “longevidad inesperada” más allá de lo que recogen las previsiones constituye un “riesgo financiero” para los gobiernos y las entidades que ofrecen prestaciones definidas.

El caso es que las estadísticas revelan que realmente el envejecimiento de la población es un hecho. Eurostat prevé un crecimiento de la población residente en España del 15% en el periodo 2008-2060, lo que supone unos 6,5 millones de habitantes más. Según la proyección del INE seremos 47 millones en 2020, o sea 1,2 millones más que hoy. A la vez, prevé el descenso de la tasa de natalidad, que pasaría a ser de 1,51 hijos en 2019 y de 1,39 hijos en 2060. Además, la edad media de maternidad alcanzó los 31,17 años en 2011, frente a los 30,98 que tenían las madres en el año 2010. Esta cifra marca asimismo un máximo histórico.

La población mayor de 65 años era de 7,9 millones en 2011 (un 17% del total) y se prevé que llegue a suponer el 32% de la población en 2050, lo que supone prácticamente el doble. En 2011, la esperanza de vida una vez cumplidos los 65 años era de 19,1 años en los hombres y de 23,1 años en las mujeres y las previsiones, recogidas por el último informe del Pacto de Toledo, las sitúan en 21,9 años para los hombres y 26,15 para las mujeres en 2048. Con el horizonte 2060, el Informe sobre la Reforma del Sistema de Pensiones del Banco de España estima un crecimiento de la esperanza de vida tras los 65 años de 7,5 años para los hombres y 5,7 años para las mujeres sobre la actual.

El Banco de España prevé un aumento constante del gasto en pensiones en relación al PIB en los próximos 15 años en una tasa media anual de un 0,1%, para luego acelerar en los años posteriores. Pasando del 7,6% del 2007 al 14% previsto para el 2060. El número de pensionistas (contributivas) pasaría de los 8.711.000 actuales a 11 millones en 2025 y 17 millones en 2050, según el Pacto de Toledo. Y en una perspectiva histórica, el total de pensiones ha pasado de 4,4 millones en 1980 a prácticamente el doble en la actualidad.

Fijándonos en la tasa de dependencia  (población mayor de 65 años sobre población en edad laboral) las previsiones del INE son de pasar del 24,61% del 2009 al 29,79% en 2020, pudiendo llegar al 59,1% en 2060. En la media prevista para países como Italia o Alemania.


Respecto a la inmigración, es innegable su efecto positivo sobre las variables del sistema de pensiones a corto plazo, ya que incrementan directamente la población activa. Esto se debe a que los inmigrantes son mayoritariamente personas en edad laboral, ya que en España se da una inmigración por motivos económicos. España experimentó en la primera década del siglo XXI un fenómeno de inmigración sin precedentes en nuestra historia. Así, entre 2002 y 2006 los flujos migratorios (diferencia entre inmigración y emigración) incrementaron la población española en más de 600.000 personas anualmente, subida que llegó a ser de 716.257 personas en 2007, máximo histórico, y que cayó a 443.930 en 2008. Sin embargo, un año después el crecimiento fue de 47.362 personas y en 2010, en 62.156. Ya en 2011, por primera vez en años, el saldo migratorio español fue negativo, con 93.893 ciudadanos menos, incluidos 20.484 españoles.

Por todo ello, las predicciones que hacía el INE sobre emigración para el Pacto de Toledo hay que observarlas con precaución, y es que como ellos mismos afirman: “Las oscilaciones demográficas de origen migratorio están sujetas a variaciones muy intensas difícilmente previsibles; ello hace que los cálculos proyectados deban tomarse con cautela.” En todo caso su previsión fue de un saldo positivo de inmigración de 445.664 personas para el periodo 2009-2018. Incrementándose por encima de los 700.000 para los periodos siguientes.


Vistos los datos demográficos, parece claro el proceso de envejecimiento de la población española y su repercusión negativa sobre la sostenibilidad del sistema en al menos dos factores claves. La tasa de dependencia, que nos viene a indicar cuantos trabajadores en activo habrá por cada pensionista, y el peso de la partida de gasto en pensiones sobre el PIB. Y nos situamos en el escenario catastrófico del principio, porque como buenos economistas, o metafísicos, consideramos estas variables fijas, dadas, ceteris paribus, y no las introducimos en el modelo para que nos salga lo que nos interesa que salga. Pero que pasa si lo hacemos.

  • Las otras variables que influyen en las pensiones:
En primer lugar el PIB no se mantiene constante, considerado en periodos históricos largos, como estamos haciendo, crece. Luego el peso de las futuras pensiones será también sobre el futuro PIB, y eso hay que tenerlo en cuenta. Sobre el crecimiento potencial del PIB, lo que sin duda afecta a las pensiones por la vía del ingreso. El gobierno hizo la siguiente estimación en 2011 con motivo de la presentación de la ley de Economía Sostenible.


Vemos que erró en la evolución de la situación económica para 2012, puesto que el país cerró el año en recesión. En todo caso, las previsiones de crecimiento son moderadas para los próximos diez años, en torno al 2,5% anual siendo optimistas. Eso supondría que en torno al año 2050 doblaríamos nuestro PIB actual de 1 billón de euros.


Dice la Unión Europea que el gasto en pensiones se disparará en España del 8% del PIB, que  necesitábamos en 2007, al 15,1% del PIB para 2060. Situación insostenible para el sistema. Pero omite la importancia del crecimiento del propio PIB. Si nos atenemos a la previsión del Banco de España de un crecimiento medio del 1,5% del PIB, para 2060 tendremos 2,23 veces el PIB actual. Eso significa que el total de recursos disponibles para la economía española será muy superior, aun asumiendo el 15% para pensiones, que el existente hoy con ese 8%. Es como si de una bolsa de 100 monedas (considerando el PIB actual como índice 100) necesitáramos 8 para pagar las pensiones (8%), quedándonos 92 monedas para el resto de la economía. Pues en 50 años nuestra bolsa será de 223 monedas (2´23 veces la actual), y sí, necesitaremos 32 (el 15%) para pagar las pensiones, pero nos seguirán quedando 191 para el resto de la economía, que es más del doble de lo que disponemos ahora.


Consideremos por ejemplo que hace 50 años el gasto en pensiones sobre el PIB español era del 3%, por lo que a día de hoy casi se ha triplicado. ¿Ha hecho eso colapsar el sistema? Pues no, de hecho ha sido superavitario hasta el pasado año y constituye un importante Fondo de Reserva. Es más, el gasto en pensiones  sobre el PIB de Italia ya es del 14% a día de hoy, pero su mayor productividad lo hace perfectamente sostenible.

Ahora vayamos a la tasa de dependencia. Vamos a una sociedad envejecida en la que prácticamente cada trabajador en activo, con su trabajo, tendrá que sostener a un pensionista. Eso hoy día es insostenible. Cierto. Pero ¿y dentro de 50 años?¿Acaso el trabajo no cambia?¿No se hace más productivo generando un mayor valor añadido?. Pues sí, en su análisis simplista no han considerado el efecto que tiene el aumento de la productividad del trabajo, que es mucho.

El Banco de España estima un  aumento constante de la productividad por hora trabajada en el futuro. Con una tasa de variación baja en estos años de crisis, en torno al 0,8%, para después crecer rápidamente con tasas del 2,7% en torno al año 2020 y posteriormente estabilizarse en una media del 1,7% hasta el 2050.


En el gráfico elaborado por el Banco de España podemos apreciar un escenario marco de evolución del gasto en pensiones según las distintas variables que en él influyen. Vemos que solo dos variables hacen desviarse significativamente el escenario base de su senda para el año 2060. Por un lado un escenario de inmigración cero dispara el coste de las pensiones en tres puntos porcentuales sobre el PIB, sin duda un buen argumento contra todos los indocumentados que culpan a la inmigración de todo lo que se les ocurre. Por otro lado, un pequeño aumento de la productividad del trabajo por encima de la previsión hace descender significativamente el costo de las pensiones. Y aquí el Banco de España hace un poquito de trampa, porque mientras el resto de variables del estudio las varía en un punto porcentual para medir sus efectos, con la productividad solo la varía un 0´25%, un cuarto de punto. Con lo que es fácil suponer que si un cuarto de punto baja en un punto porcentual el peso de las pensiones en el PIB, un punto completo lo bajará en cuatro puntos porcentuales, situándolo en el 11%, una cifra más que asumible, cercana al que representan hoy en día en Alemania y por debajo de Italia. Y no es descabellado pensar que pueda darse ese incremento de la productividad del trabajo en España dada la distancia que aun le separa en esta materia  de la media de otros países europeos.

El catedrático Vicenç Navarro, de la universidad Pompeu Fabra y la John Hopkins, ilustra muy bien la importancia de la productividad con la siguiente analogía:


“Hace 40 años, el 18% de los españoles adultos trabajaba en la agricultura. Hoy, sólo el 2% trabaja en la agricultura y produce incluso más que lo que producía 40 años atrás el 18% de la población en edad de trabajar. Dicho en otras palabras: un trabajador produce hoy más alimento de lo que producían antes nueve trabajadores, y ello como consecuencia de un enorme crecimiento de la productividad del trabajador agrícola. Con base en estos datos, se puede ver lo absurdo que habría sido si hace 40 años cien economistas hubieran alarmado a la población indicando que, como consecuencia de que los trabajadores estaban dejando el campo, habría menos producción de alimentos, y al cabo de 40 años la gente en España se moriría de hambre. Su desatención al impacto que el crecimiento de la productividad tiene en la cantidad de alimentos producidos explicaría el ridículo de su pronóstico.”

No deja de ser una nueva versión de la trampa de Malthus, cuyos pronósticos agoreros estaban igual de errados que los actuales. En consecuencia, la actual dinámica de recorte en las prestaciones sociales y en concreto en las pensiones no es inevitable, responde a un posicionamiento ideológico de los gobiernos europeos y a unos determinados intereses particulares. Señalar esos interese y como se puede hacer y se hace de otra manera en otras partes del mundo lo dejo para una segunda entrega.